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La IA es cada vez más utilizada por los jóvenes como confidente para contarle sus problemas y pedirle consejo
Imagina que tienes una duda sobre tu cuerpo, sobre el sexo o sobre el consentimiento. Una de esas preguntas que te da vergüenza hacer en voz alta por miedo a que alguien piense que eres tonto o que preguntas "una barbaridad". ¿A quién acudes? Cada vez más jóvenes responden lo mismo: a la inteligencia artificial.
"Acudiría a la IA porque me siento más cómoda, porque no me juzga y no pensaría que soy tonta", cuenta Irina, de 21 años. De adolescente, confiesa, le habría preguntado a un chatbot algo tan concreto como si se puede quedar embarazada al tragar semen tras una felación. Otras dos jóvenes de su edad, Erika y Marta, coinciden: recurrirían a la IA "por vergüenza" y "por miedo" a ser juzgadas para consultar desde qué hacer "cuando se ha roto un condón" hasta qué significa un picor raro en los genitales. "Me escondo detrás de la pantalla y así tengo mi respuesta fácil", resume Erika.
Suena inofensivo, incluso práctico. Pero detrás de esa comodidad hay un cambio que preocupa a quienes estudian el tema.
La IA se ha convertido en un confidente
No es un caso aislado. Según el estudio Así somos. El estado de la adolescencia en España, de Plan International, un 18% de las chicas y un 12% de los chicos de entre 12 y 21 años ha hablado alguna vez con la IA sobre cuestiones personales. Y entre las chicas de 17 a 21 años, la cifra sube a una de cada cuatro.
La socióloga Carmen Ruiz Repullo, profesora de la Universidad de Granada y experta en violencia de género entre jóvenes, lo resume así: "La IA se está convirtiendo en un espacio más de socialización. Pensábamos que iba a servir para temas académicos, y al final se ha convertido en un espacio emocional, un espacio de relación". A ese espacio llegan las dudas más íntimas: miedos, inseguridades sobre el cuerpo, la identidad y, cada vez más, el sexo.
El silencio que empuja a la pantalla
¿Por qué acaban los jóvenes preguntándole a una máquina algo tan personal? Porque en muchos sitios no pueden preguntarlo a nadie más. El dato lo dice todo: el 75% de las personas nunca o casi nunca ha hablado de sexualidad en casa, según Platanomelón, una empresa que también trabaja en educación sexual.
Cuando no hay conversación ni en casa ni en clase, los referentes se buscan fuera: en las amistades, en las redes, en la pornografía… y ahora en los chatbots. El 51% se informa sobre sexualidad a través de internet o redes sociales, y el 73% recurre a sus amistades. La IA es simplemente el último eslabón de esa cadena. El problema es que llega a llenar un hueco que nadie más está llenando.
"La gente joven piensa que la IA es la verdad verdadera"
Aquí está el aviso principal de las expertas. Un chatbot te responde al instante, con un tono que suena neutral y profesional. Pero esa neutralidad es un espejismo. "La respuesta que da está totalmente sesgada. Aunque parezca profesional, la IA está hecha por personas, con lo cual el sesgo de género lo sigue teniendo", alerta Ruiz.
Y su preocupación va más allá de un consejo puntual: tiene que ver con quién está dibujando el mapa de lo que se entiende por sexualidad "normal". "Me da miedo porque el adolescente piensa que la IA es la verdad verdadera, la que lo sabe todo. Y entonces no le ven el sesgo por ningún sitio", explica. La socióloga traza un paralelismo directo con la pornografía: igual que preocupaba el relato que el porno daba a la juventud, ahora la IA puede estar haciendo lo mismo, fijando qué es el sexo y cómo "se debe" actuar, con estereotipos y roles muy rígidos.
Ese sesgo se nota hasta en las preguntas, que no son iguales para ellas que para ellos. Muchas chicas consultan si prácticas normalizadas por la pornografía son "lo que se espera" de ellas o si "les gusta a todas las chicas"; muchos chicos preguntan por el tamaño del pene o por cuál es el estándar "correcto" a su edad. En el fondo, buscan encajar en una norma que muchas veces les ha marcado el propio porno. Un dato para dimensionarlo: según el Ministerio de Igualdad, el 90% de los jóvenes consume pornografía, a menudo desde los 8 años, mientras que el 90% de los padres cree que sus hijos no la ven.
Lo que una máquina no puede hacer
La sexóloga y terapeuta Anna Sánchez Bendahan, de Platanomelón, ve en consulta el rastro de estas búsquedas. Su advertencia apunta a un límite de fondo: la IA te cree sin más. "Si le dices 'me pasa esto', la IA te cree y te da soluciones para eso que le cuentas, cuando muchas veces el motivo real es otro que está detrás", explica. Parte del trabajo de un terapeuta es descubrir ese "algo más" que un chatbot nunca va a buscar.
"No es lo mismo estar en contacto con una persona que buscar información en la web", insiste. En una relación humana entran en juego la empatía y las emociones, algo que una máquina no sostiene. Sánchez no demoniza la tecnología —al contrario—, pero avisa del vacío que aparece cuando la pantalla sustituye a todo lo demás: "La limitación está cuando la IA es el único recurso que tenemos por vergüenza o por tabú. Entonces los únicos referentes son la IA y el porno, y quedan muchísimos vacíos, porque se aprende mucho a través de los vínculos, en la vida real".
¿Un refugio para quien se sale de la norma?
No todo es negativo. Para adolescentes LGTBIQ+ o con orientaciones no normativas, la IA puede ser un refugio: un lugar donde preguntar sin tener que revelar su identidad a nadie cercano. "Entienden que es un espacio más seguro para preguntar cosas que no plantearían en su grupo, en la familia o en la escuela", señala Ruiz.
Y se entiende por qué lo necesitan. Según el estudio Radiografía de la educación en la diversidad LGTBI+, solo el 40% de los jóvenes dice haber podido expresarse tal como es durante su etapa escolar, y más de la mitad de los estudiantes LGTBIQ+ asegura haber sufrido acoso o ciberacoso en secundaria. En ese contexto, encontrar una respuesta que te diga "lo que sientes es normal y hay más gente como tú" puede dar mucha tranquilidad. El consejo de la sexóloga, eso sí, es claro: diversificar las fuentes, sumar amistades de confianza, adultos de referencia o educadoras sexuales. Volver, otra vez, a los vínculos humanos.
El problema no es la IA: es usarla en soledad
Si algo repiten las dos expertas es que el problema no es que la adolescencia use la inteligencia artificial, sino que lo haga a solas, sin acompañamiento ni referentes adultos. La solución tampoco pasa por prohibir: "No vale demonizar la IA ni demonizar el porno", recuerda Sánchez. La clave está en ofrecer tanta educación sexual por otras vías que los jóvenes "sepan discernir qué es qué".
Y esa educación no va solo de prácticas: abarca "el consentimiento, los límites, el placer, el autocuidado y los vínculos". Como resume la sexóloga, "más educación sexual nos lleva a prácticas más informadas, más respetuosas y más placenteras".
La responsabilidad, coinciden, es de las familias y los centros educativos. "La OMS dice que la educación sexual es un derecho de la infancia y la adolescencia. Si no estamos respondiendo ahí, tampoco podemos criminalizar que busquen en otro lado", zanja Ruiz. ¿Hemos llegado tarde a acompañar estos usos? Su respuesta es contundente: "Muy tarde, pero muy tarde".
Así que la próxima vez que abras un chat para preguntar algo que te da vergüenza, recuerda: la IA puede ser un buen primer paso, pero no debería ser el único. Contrasta, pregunta también a personas de confianza y no dejes que un algoritmo te diga en solitario qué es "normal". Tu sexualidad no la define una máquina.
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